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sábado, 4 de junio de 2011

Santa Teresa, Rocha

Este verano como todos los veranos viajé a Rocha, con la particularidad que esta vez no viajaba solo sino con mi hermano menor, hora que conociera ese paraíso, ya se lo venía prometiendo hace bastante y bueno llegó el momento.
Primero Sebastián tuvo que viajar a Montevideo y después si salimos para Rocha.

Unas 6 horas de viaje en ómnibus con unos franceses detrás de nosotros que hablaban sin parar fue como viajar con un panal de abejas al lado, agradecí cuando empecé a ver los techitos a dos aguas de Punta del Diablo señal que quedaban como máximo media hora de viaje, nosotros íbamos al parque nacional de Santa Teresa.

Al llegar al parque nos registramos en la entrada, nos entregaron varios papelitos,

una leída rápida de los títulos "no quemes el verano", "disposiciones del camping", y dos mapas del lugar, guardé todo, después los vería con más detenimiento, ahora teníamos que encontrar un lugar para acampar.

Fuimos a una zona del parque que tiene concentrados varios servicios, supermercado, pub, restaurante, baños, que se llama: "El Chorro", queda cerca de la playa La Moza y es donde van la mayoría de la gente joven.

Armamos nuestro campamento debajo de dos palmeras enanas y nos dormimos una pequeña siesta, el viaje nos había cansado un poco. Los días pasaban tranquilamente no nos complicábamos con nada, cuando nos despertábamos bajábamos a la playa, y volvíamos a la tarde para prender el fuego y preparar la comida, un día fuimos caminando a Punta del Diablo, una caminata de casi una hora por la playa, son dos kilómetros desde Playa Grande al sur.
Ya en Punta del Diablo nos comimos unos buñuelitos de algas con una Pilsen bien fría, y luego regresamos a Santa Teresa, llegamos a la noche muertos de cansancio, esa noche había un circo en "el chorro", estuvimos mirando a los trapecistas y malabaristas un rato, pero el hambre nos ganó así que volvimos al campamento a preparar unos mejillones que recogimos ese mismo día en la Moza.
Al otro día amaneció lloviendo, quedarnos en Santa Teresa sería un suicidio mental, así que nos tomamos un ómnibus al Chuy una ciudad mitad uruguaya mitad brasileña donde aprovechamos para comprarnos ropa y nos comimos unos exuberantes baurús.
Exhaustos volvimos a Santa Teresa seguía lloviendo, por suerte existe internet, mañana sería otro día.
Amaneció nublado pero ya no llovía, como no había sol estaba ideal para caminar así que nos fuimos por adentro del parque, visitamos la Fortaleza que era lo que nos quedaba más cerca, siempre espectacularmente bien conservada, ya la conocía pero quería que Sebastián viera esta construcción que parece un castillo por sus grandes murallas y puente levadizo, le encantó.
Después fuimos a la Capatacía que tiene enfrente un gran jardín Botánico con todo tipo de plantas y árboles de todo el mundo, que detrás tiene un bañado con un observatorio de aves donde un carpincho nos sorprendió al cruzar nadando muy cerca de nosotros, último día amaneció espectacular como para que nos queden ganas de volver el próximo año, decidimos pasarlo en la Moza, unas olas impresionantes no nos dejaron nadar, ni alejarnos mucho de la costa, pero igual no salimos del agua en todo el día salvo para comer unas frutas que habíamos llevado. Al caer la tarde caminamos por la playa hasta unas rocas, juntando caracoles y de pronto otra sorpresa a unos pasos delante se levantó una cabeza negra reluciente, primero pensé que era un pez enorme que estaba encallado pero al acercarnos más vimos que era un lobito de mar, una belleza, Rocha nos despedía así con sus mejores galas.

martes, 31 de mayo de 2011

Pozo hondo

El mes pasado, volví a Tacuarembó para el cumpleaños número 16 de Sebastián mi hermano menor, mi hermana y mi cuñado me invitaron a conocer el Pozo hondo en

el Valle Edén, el día era un típico día de otoño, gris y frío, amenazaba con llover, pero de todas formas decidimos ir, hicimos unos 20 kms por la ruta 26, entramos en el Valle Edén, pasamos el arroyo de Jabonería y seguimos por un camino de balastro, el paisaje es una belleza, pendientes muy pronunciadas no nos dejaban olvidar que estábamos sobre la Cuchilla de Haedo, para los que no conocen el lugar es difícil de encontrar porque no hay ningún cartel indicador, yo seguía a mi cuñado que había ido varias veces cuando niño porque vivía en un pueblo llamado Tambores que queda relativamente cerca, entramos en un campo, caminamos unos 300 metros y el sonido del agua contra las piedras se escuchaba cada vez más cerca.













Pequeñas cañadas y una vegetación rala es la constante del camino , de a poco los arbustos se fueron convirtiendo en monte al aumentar la depresión del terreno, hasta que llegamos al Pozo, el nombre es el más adecuado, es una gran garganta de granito que se abre abruptamente y que forma un estanque natural en el fondo, tendrá unos 30 metros de profundidad por unos 200 metros de largo, bastante peligroso, hay que llevar zapatos que hagan fricción porque la caída puede ser mortal, nos deleitamos un rato con la vista alucinante que ofrece el lugar, con su cascada y paredes casi rectas, supuse que en algún momento, hace varios millones de años, la tierra tembló y se abrió una grieta que el agua fue aumentando, pero no lo comenté.

Acompañé a mis sobrinos, que van a una escuela donde les enseñan a plantar, a buscar tunas para su jardín, encontramos varias pero sólo arrancamos una y recogimos también algunos gajos de “Marcela” ( Achyrocline satureioides ) una planta muy común en Uruguay cuya flor sirve para aliviar los dolores estomacales y ayuda a combatir la gripe, una costumbre que nos legó nuestra madre; empezó a lloviznar, hora de partir nuestros abrigos no iban a soportar mucho el agua y el auto había quedado en la entrada. Un bello lugar muy recomendable para ir en verano.



jueves, 26 de mayo de 2011

La quebrada de los cuervos

Un fin de semana decidimos, ir a la Quebrada de los Cuervos, en el
departamento de Treinta y Tres, cuándo empezamos a recabar datos sobre el destino
descubrimos que no había ninguna línea de buses que nos dejase allí, la entrada a la Quebrada quedaba a 22 kms desde la ruta, imposible de hacerlo caminando con la carga que llevábamos, que incluía carpas y mochilas bastante repletas, así que tuvimos que alquilar un auto en Montevideo, la idea era salir a las 5 de la mañana para llegar cerca del mediodía, que al final se convirtió en las 6 porque uno de nosotros se durmió, fueron casi 5 horas de viaje, paramos en Treinta y tres la única ciudad cercana para comer algo y cargar combustible, seguimos por la ruta unos 15 kilómetros más a la derecha se abre un camino de tierra que lleva a la Quebrada, son sólo 22 kms, pero el camino es bastante sinuoso y no está en buenas condiciones en algunos tramos, el auto era muy bajo así que tuvimos que ir despacio, nos
llevó como una hora llegar a la entrada, el lugar tiene una zona para acampar y algunas
cabañas , eran muy baratas las cabañas pero estaban repletas por ese fin de semana, así que nos tocó acampar.
El calor era intenso a esa hora, dejamos las carpas y algunas cosas arriba de una mesa
y como nos estaba matando la ansiedad tomamos unas botellas de agua y bajamos a la quebrada, el primer tramo de bajada fue muy fácil, hay una senda hecha de madera, el segundo tramo se complica, es un poco peligroso, hay que usar zapatos adecuados para
no resbalar, a medida que bajábamos la vegetación se hacía más tupida y tropical, el lugar es realmente hermoso, a cada rato decíamos que no podíamos creer que en Uruguay, un país casi plano, hubiese semejante geografía. al fin después de una media hora de bajada llegamos al lecho del arroyo Yerbal casi seco en esa época, nos relajamos
allí, algunos encendieron su MP3 y se limitaron a llenar las pupilas con el paisaje, yo me recosté en una piedra que parecía un sillón y miré al pedacito de cielo que la quebrada dejaba ver, los cuervos hacían círculos todo el tiempo, nos estarían observando un rato largo en definitiva estábamos en su casa, nos bañamos en el arroyo el agua transparente nos invitaba.
De pronto el cielo se oscureció, empezó a lloviznar mansamente, hora de irnos, a las cámaras y a los celulares no les gusta el agua.
Seguimos las flechas como nos había indicado el guarda parques, empezó a llover muy fuerte y el viento se intensificó, la subida fue muy difícil, no solo por la pendiente pronunciada y por el terreno, el agua corría como una catarata quebrada abajo con una fuerza increíble, nos empapamos, cuando bajábamos moríamos de calor, ahora temblábamos de frío, cuando por fin llegamos al campamento las carpas estaban mojadas y una torta de atún flotaba dentro de su recipiente, el guarda parques se apiadó
de nosotros al vernos tan mojados y nos dejó llevar nuestras cosas dentro de un salón que usan para recibir a las escuelas, nos encendió la estufa para que nos secáramos, allí pasaríamos la noche.
Cuando amaneció seguía lloviendo y la temperatura había bajado significativamente, ¿que hacer? consideramos en un momento volver a Montevideo, pero nos encontramos con un grupo de biólogos españoles que estaban en la zona realizando un estudio de los animales autóctonos y nos contaron que había una cascada interesante en una estancia cercana que podíamos visitar, así que allá fuimos, nos acercamos lo más que pudimos en el auto y luego tuvimos que caminar como un kilómetro, a esa altura lloviznaba fuertemente, el cielo estaba gris, así que perspectivas de
que amainase no habían muchas, de todas formas nos hicimos los fuertes y llegamos, la verdad que valió la pena, es una cascada hermosa, y creo que gracias a la lluvia la caída de agua se había intensificado, me metí en el agua un ratito pero estaba helada.
Al regresar a la quebrada empezamos a prepararnos para el regreso. El tiempo no nos acompañó esta vez pero me prometí volver porque el lugar es increíble.

miércoles, 21 de julio de 2010

Las Sierras de Mahoma.






Mientras Montevideo despertaba para festejar una nueva edición del día del Patrimonio nosotros cruzábamos los andenes de la Terminal entre caras adormiladas y algún que otro fumador que daba sus últimas pitadas nerviosas antes del viaje; despachamos el equipaje y subimos al ómnibus que ya estaba listo para salir, mate que va, mate que viene y una charla mas que amena con mis amigos , estábamos felices del reencuentro y ansiosos por llegar a nuestro nuevo destino, las Sierras de Mahoma.En las primeras luces del día me entregué al sueño y desperté cuando entrábamos a la pequeña ciudad de San José de Mayo que también despertaba tan perezosamente como yo, dos campanarios y una cúpula azul se despegaban de la uniformidad de edificios bajos, sus calles estrechas y pulcras me hicieron pensar en lo diferente que es vivir en una ciudad del interior.
Bajamos en la Terminal de ómnibus para marcar los pasajes de vuelta a Montevideo, y para estirar las piernas, algunas personas miraban a los recién llegados alargando el cuello, buscando un rostro conocido, otros ojeaban sus pasaje y el reloj en un movimiento rápido, paquetes y bolsos, pasos apresurados y el olor a gasolina llenaban el andén, sería el último atisbo de urbanidad que veríamos en los próximos días. Seguimos viaje, pasamos nuestra referencia, el pueblo de Mal Abrigo, un conjunto de casitas blancas al costado de la ruta, y pocos minutos después el guarda nos avisaba que debíamos bajar, era el km 126 de la ruta 23, allí nos esperaba Alejandro quien sería nuestro anfitrión, nos presentamos y rápidamente cargamos las mochilas al auto. Poco después llegamos a la posada, la entrada era un lindísimo jardín florido, con palmeras y árboles cargados de frutas, me gustó muchísimo, nos mostró nuestro apartamento, acomodamos el equipaje y luego hicimos una recorrida por las instalaciones, todo muy cuidado y prolijo, el lugar está lleno de animales tan dóciles que sorprende.

Tres de ellos llamaron nuestra atención de inmediato, Maru una cabra africana, Pinta un ciervo axis y Valentina una oveja blanca, poco a poco serían quienes nos harían parte de la paz de aquel lugar, allá lejos había quedado Montevideo con su loco trajín electoral, ahora debíamos bajar las revoluciones, los horarios y las obligaciones son un mito en las Sierras de Mahoma. Nos preparamos para salir a recorrer, compramos agua y nos pusimos un calzado cómodo, chequeamos las cámaras y salimos; recorrimos un camino de tierra por unos 300 metros, siempre teniendo a la vista las impresionantes moles de piedra que se entremezclaban con los árboles achaparrados en el horizonte y que a medida que nos acercábamos se hacían mas impresionantes, al llegar a un pequeño lago con un islote en el medio, doblamos a la derecha y nos topamos con un cartel que rezaba: "Usted va a visitar un lugar único, Las Sierras de Mahoma, un mar de piedra irrepetible en Uruguay, disfrútelo" con un mínimo esfuerzo subimos la pendiente, cruzamos una portera, el aire era mas liviano arriba y se sentía mas calor. Cuando por fin llegamos a la cima tuvimos una idea mas certera del tamaño de las sierras, verdaderamente aquello si que era "un mar de piedra", las habían de todos los tamaños y de las mas variadas formas -...una tortuga...un oso...allí hay una cara...por allá un sol...- nos decíamos, a la vez que tomábamos fotos y descansábamos nuestros pies en el sólido suelo gris. La erosión del agua había creado un singular espectáculo para el deleite de nuestra imaginación, tan singular es este lugar que a sido escenario de varios comerciales como este que semeja el suelo lunar:  http://www.youtube.com/watch?v=1COg3rynitk o este otro que está ambientado en la Edad Media:  http://www.youtube.com/watch?v=zrSYGJzCzzA&feature=related ....nos quedamos un rato solo viendo, luego dimos una pequeña recorrida por los alrededores y regresamos a la posada.

Almorzamos en el patio bajo unos viejos paraísos podados hace poco; Pinta nos hacía compañía y engullía uno tras otro los trocitos de manzana que le dábamos, yendo de uno en uno pidiendo más. Por la tarde volvimos a las sierras queríamos ver el atardecer desde el mirador, todo estaba en calma, algunos buitres planeaban en círculos lentos sobre nuestras cabezas, ¿serán ellos la causa de que no hayan serpientes en las sierras? Las piedras despedían un calorcito reconfortante que contrarrestaba la caída de la temperatura que ya se hacía notar. Casi al oscurecer comenzamos el descenso. Cerca de un alambrado encontramos una cueva, me animé a entrar, el techo era muy bajo, tuve que andar agachado para no golpearme la cabeza, Patricia me pasó su linterna, la atmósfera dentro era diferente, de pronto me dio la sensación de estar invadiendo un lugar sacro, antiguo, las paredes lisas al tacto estaban tibias, y el piso era sólido y seco, pensé que sería un refugio perfecto para algún animal, sin embargo allí no habían indicios de ello, ni pelos, ni hojas, ni nada, estaba muy limpio; la cueva se continuaba por un galería estrecha, pero no quise tentar la suerte, ¿habrían vivido indígenas en ella? me pregunté, sabíamos si, que una tribu de Guenoas estuvo asentada en las sierras hace casi doscientos años, de cuyo cacique, llamado Homa, deriva su nombre.

La respuesta la tuve al día siguiente cuando Alejandro nos dijo que en ella se encontraron algunas armas y utensilios guenoas, que pudimos ver expuestos en la posada. Desandando el camino nos topamos con una pareja de zorros grises, ya antes los habíamos oído, emitieron un gañido agudo que había llamado nuestra atención, estos caminaban por nuestra izquierda, sin demostrar temor alguno, les arrojamos unas galletas que tomaron sin dudarlo, se acercaron un poco y pudimos verlos mejor, eran como un perro pequeño, con grandes orejas que enmarcaban un hocico fino y con una graciosa mancha negra en la punta de la cola, poco después desaparecieron entre los arbustos. Cuando llegamos a la posada era de noche, empezamos con los preparativos para la cena, que como acostumbramos sería un asado con papas. Nos costó encender el fuego, la leña parecía húmeda y los diarios que Mauricio, el hermano de Alejandro, nos había dado se nos terminaron rápidamente; fue un trabajo en equipo, mientras grapa que va grapa que viene se encendió el fuego y eso nos hizo olvidar el frío serrano.

La carne estaba en la parrilla y acercamos los asientos al fogón. Qué mística tan particular tiene el fuego!,,es origen de los mas diversos vínculos, otra vez se me cruzaron por la mente los antiguos pobladores de aquellos parajes, habrían planeado guerras y alianzas con otras tribus, quizás oían relatos de tiempos remotos de la boca de los ancianos, habrían bailado y reído, ingerido infusiones y fermentos, todo en torno a un fogón, tal y como nosotros nos encontrábamos en aquél momento. Mientras se hacía el asado, charlábamos de la vida, de los sueños y proyectos, y hasta creo que en algún momento arreglamos un poco al Mundo. Cuando ya estuvo listo, nos servimos un vinito y comimos, Maru fue quien nos vino a visitar esa noche, hacia piruetas arriba de una mesa para alcanzar un brote de paraíso, era gracioso verla empecinada en su inútil empresa, en eso decidimos dar una caminata nocturna por las sierras. El cielo tenía algunas nubes y el frío era intenso, nos abrigamos y salimos. Reinaba un silencio sepulcral, solo se oían nuestros pies en el camino de balastro, la luna delataba algunas piedras incrustadas en el monte, llegamos al pequeño lago donde nos detuvimos y observamos el inmenso cielo buscando alguna constelación conocida. Todos recordamos algún episodio de la infancia cuando algún mayor nos señalaba ,como algo sorprendente, cuales eran las tres marías o la cruz del sur o las siete cabritas, se ve que cuando somos chicos siempre tenemos un tiempito extra para mirar el cielo nocturno, lástima que de grandes no lo hagamos tan seguido, es muy lindo. Volvimos a la posada, mañana Alejandro nos llevaría de recorrida.
Milagrosamente fui el primero en levantarme, puse el agua a calentar para el mate y poco a poco mis compañeros de viaje se iban levantando, la vista desde la ventana no era muy alentadora, en cualquier momento se venía la lluvia. Alejandro nos avisó que debíamos salir antes del medio día porque estaba anunciado que efectivamente llovería, hicimos un desayuno rápido, preparamos las mochilas, agarramos el mate y salimos.

Cuando llegamos a la falda de la sierra dejamos las mochilas colgadas de un árbol, para poder entrar a las cuevas, para nuestra sorpresa sería la que habíamos visitado la noche anterior, de día había cambiado completamente, las paredes eran de un color gris, granito, yo había estado apenas en la entrada antes, la cueva se extendía por una galería estrecha que pasamos con cierta dificultad, sorteando algunas salientes, unos metros mas adelante se veía luz, debímos subir una piedra en forma de "V" para salir a un claro en el monte, a los costados la vegetación era densa y el piso tenía una gruesa capa de hojas que cedían bajos nuestros pies, el camino estaba marcado por grandes piedras, que parecían sostener todo, en su superficie tenían adheridas infinidad de líquenes, algunos árboles contorneaban sus troncos entre sus grietas, y éstos a su vez sostenían en sus ramas una serie de orquídeas salvajes que se bamboleaban a nuestro paso. A cada rato se enganchaban de nuestras ropas las "uñas de gato", enredaderas con espinas muy filosas que estaban a la orden del día. Alejandro nos iba mostrando y nombrando los diferentes tipos de plantas que hacen de las sierras un crisol de los mas diversos verdes; una planta que llamó mi atención fue la congorosa, cuya infusión reduce el colesterol, así como también habían tunas, guayabos, arueras, canelones, claveles del aire amarillos y helechos, que son los nombres que recuerdo.

El entorno es de aspecto selvático de no ser por la baja temperatura sería difícil de creer que aún estábamos en Uruguay. Avanzábamos despacio tanteando el suelo antes de pisar y con los ojos bien abiertos para no quedar enganchados en ninguna rama o apoyarnos en alguna tuna, en un momento salimos del monte solo para ingresar a otro sendero que nos llevaría a una segunda cueva; ésta era mas grande que la anterior, incluso podíamos entrar parados, el techo y las paredes eran grandes bloques que se sostenían los unos a los otros pesadamente, el piso no era horizontal y estaba formado por dos piedras encontradas en un ángulo obtuso, por el cual corría un hilo de agua que se colaba desde las dos grandes aberturas, encharcándose en algunos sitios, en el fondo estaba la salida, a ésta le seguía una pequeña terraza desde donde se podía divisar el lago. Para ese entonces la llovizna era intensa y nos golpeaba fuerte en la cara; a nuestra izquierda bajando un par de metros Alejandro nos mostró la entrada al "pozo", nos animamos y agachándonos ingresamos a la galería, que tenía espacio solo para una persona a la vez, a medida que avanzábamos el espacio entre el techo y el suelo se reducía cada mas y mas, hasta el punto que debimos reptar para seguir, la cueva se continuaba por unos tres metros en los cuales mis codos me fueron muy útiles, no apta para claustrofóbicos fue una experiencia alucinante, salimos por una pequeña abertura entre tres grandes piedras redondeadas, donde nos esperaban los demás para proseguir la marcha.

Continuamos flanqueando un monumental bloque de aproximadamente cinco metros de altura, hasta llegar a una última cueva en la cual debimos balancearnos de una rama para ingresar; era oscura y húmeda, desde el suelo se levantaban unas extrañas plantas de tallo vertical y sin hojas con un bulbo en la punta, salimos por el lado opuesto. Bajo una llovizna pertinaz nos tomamos unos mates que medio nos templaron el espíritu, y comenzamos el ascenso al mirador, lo bueno de éste grupo es que nunca parecemos desanimarnos por mas adversa que sea la situación, desde allí ingresamos a un sendero señalado con marcas amarillas, Alejandro nos iba mostrando las curiosas formas de las piedras, el perfil evidente de un águila, un círculo de piedras, una mancha en una de las rocas de forma humana, un puma al acecho, bueno de todo. Me sorprendieron dos formaciones, una de ellas una piedra redondeada en equilibrio, que se apoya sobre otra en un mínimo contacto, la otra formación son en realidad cinco bloques de unos tres metros cada uno que semejan los dedos de una mano, y es llamada "la mano de Mahoma", de no ser una creación de la madre naturaleza el escultor chileno Mario Irarrazábal creador de los dedos de Punta del Este, hubiese tenido que enfrentar una demanda por plagio.

Bajando por una quebrada pasamos un pequeño arroyito para ver un árbol en cuyo tronco parece tener una vena que lo recorre cuan largo es, y también pudimos ver los lugares favoritos para anidar de los buitres, entre las piedras. Se nota en Alejandro un gran orgullo por aquél lugar y la abnegación con que lo cuida es admirable. Las sierras son una maravilla natural y todos sus rincones poseen historias increíbles, desde las tribus guenoas, pasando por los soldados de Aparicio Saravia, hasta un excéntrico italiano, encontraron en ellas un lugar donde refugiarse por diversas razones y en distintos momentos. No puedo entender a las personas que dejan botellas de plástico tiradas o a los cazadores furtivos que arremeten contra los ciervos y las mulitas que allí habitan, somos parte de un mundo contradictorio.



Bajamos por la falda posterior de las sierras y tomamos el camino hacia la posada, esa sería nuestra última visita al "Mar de Piedras", al llegar Alejandro nos encendió la estufa para que nos secáramos, y se despidió de nosotros, a las seis y media pasaría por la ruta nuestro ómnibus hacia Montevideo. Nos despedimos de Pinta que andaba en la vuelta y dejamos la posada atrás con la promesa de volver alguna vez.

Buenos Aires "Mi Buenos Aires querido..." cantaba Gardel





















Salí desde la Terminal Tres Cruces, hice el trasbordo al "Eladia Isabel"* en Colonia (*así se llama uno de los ferrys que cruzan el río de La Plata) ,después de 6 horas de mi partida llegué a Puerto Madero en pleno centro de la capital porteña, desde la plaza de Mayo me tomé un subterráneo, de la línea A que me dejo a escasas 6 cuadras de la casa de mi amiga Norma, que queda en el barrio de Almagro, muy cerca del microcentro, a partir de ese momento empezó una estadía llena de sorpresas para mí. Si bien he ido a Buenos Aires muchas veces antes nunca había salido del circuito turístico, Norma es bailarina de tango y conoce los lugares donde podés apreciar la movida tanguera que es muy variada y por demás interesante, me llevó a dos y por razones de tiempo me quedaron pendientes tres lugares más por conocer, la primera se llama Club Gricel (La Rioja 1180), fue bautizado así por el tango homónimo, la pista es de madera, rodeada de mesas con mantelitos rojos y amarillos, sobre la barra del fondo hay un cartel de neón rojo que reza dicho nombre, en las paredes laterales cuelgan cuadros con figuras de tango y de milonga. La gente no se conoce entre sí, son personas que gustan del baile y salen a "sacar viruta al piso" en la noche porteña, los hombres llevan trajes y las mujeres visten muy elegantes con moños y extravagantes adornos, se respira una atmósfera muy particular que te hace disfrutar mucho de la velada, podés beber algo mientras ves como los bailarines hacen sus figuras, y si sos un temerario capaz te animás a bailar alguna pieza. El otro lugar se llama La Milonga de "La Independencia" (Independencia 572), es muy diferente a Gricel, es un ambiente más juvenil, el piso es de madera también, hay un piano y reflectores que marcan un espacio, aunque la pista no está bien definida, las mesas están distribuidas por doquier y la barra está al fondo de todo, me gusto muchísimo el hecho de que eran todos muy jóvenes, eso habla de lo arraigado que está el tango en Buenos Aires, por el contrario de mi país que es algo del pasado y solo los mayores lo bailan aunque ahora se está hay un resurgimiento de ese baile, aquí lo sentí muy actualizado, podías ver a la gente llevando jeans, y camisetas de la Bersuit (banda de rock argentina), muy descontracturado el ambiente. Cuando llegamos dos chicos estaban tocando, el violín uno y el bandoneón otro, después vino el pianista, y luego una de las chicas del público pidió cantar un tango al son del dos por cuatro, y lo hizo excelente, la verdad nunca había visto un lugar donde se manifestara tan libremente una cultura sin tanto protocolo, les recomiendo que se den una vueltita por ese lugar, la entrada es muy accesible (10 arg) y de paso ven un espectáculo fuera de serie.

Al otro día Norma me llevó a la Boca, uno de los barrios porteños más emblemáticos, una mezcla de colores estridentes, olores a carne asada y a hornos de pan, y sonidos de charlas, y claro tango, las construcciones son llamadas conventillos, antes vivían familias de inmigrantes europeos allí, hoy son pequeñas tiendas de artesanos, refugio de músicos, escultores y pintores, como también restaurantes y fondas, en una de las galerías encontramos a Mingo tocando el bandoneón que nos deleitó con algunas piezas, como la Cumparsita, Por una cabeza, y otros que no identifique, pero eran muy lindos también, .

Comimos un pan relleno con tomates, albahaca y queso, delicioso que vendían en la calle, mientras escuchábamos a la filarmónica de la ciudad, que daba un concierto a orillas del río y que por fortuna coincidió con nuestro paseo.
Al día siguiente visité el barrio de la Recoleta, es muy lindo, hay una plaza enfrente al cementerio, donde hay una feria de artesanías muy interesante, y visité la necrópolis donde está la tumba de Eva Perón y muchos otros personajes de relevancia en la historia del país, hay un nivel muy bueno en las esculturas y panteones, pude ver diversos estilos, desde el neoclásico hasta el art nouveau, cerca de allí está el museo de Bellas Artes, la Facultad de Ciencias Sociales, y la facultad de Ingeniería, en la intersección de las calles Pueyrredón y las Heras, de estilo neogótico.
Otro edificio muy interesante, que no está muy lejos de ahí, es el de Obras Sanitarias en la intersección de las calles Córdoba y Riobamba, creado como cubierta para almacenar casi 73 millones de litros de agua por día, sin "afear" la ciudad, y lograron su cometido, es un edificio hermoso. Por la noche Norma me llevó al Barrio Palermo, lleno de tiendas y bares, y pasa algo muy curioso ahí, los boliches se convierten en tiendas de ropa de diseño muy originales por el día y por la noche vuelven a su función original, las tiendas permanentes son reciclajes de antiguas construcciones, y bueno los precios no son muy simpáticos pero se puede ver que los productos lo valen por su originalidad en el diseño. Al día siguiente me tomé un colectivo (así le llaman a los ómnibus urbanos) y me fui a la cancha de River Plate, uno de los equipos más importantes de la Argentina, y donde decir Boca es mala palabra, queda en la zona de Belgrano ó Núñez no me acuerdo bien, la cancha es grande, lo más sorprendente es que allí funciona un colegio desde la Primaria hasta algunas carreras terciarias, otras canchas más pequeñas, dos piscinas, una de ellas olímpica con techo removible, hasta clases de salsa y cancha de bochas tienen, también hay un pensionado para chicos del interior del país que vienen a jugar al fútbol, impresionante la verdad, pude visitar el palco de honor y todas las instalaciones del club por la módica suma de 5 pesos arg, (usd 1.5). Desde ahí me fui caminando por la Av. Figueroa Alcorta, hacia los bosques de Palermo, son unas cuadras, pero a mi me gusta caminar conozco mas así... bueno los Bosques de Palermo son muy lindos, hay un lago que alberga gran cantidad de especies de aves acuáticas, está el Hipódromo de Palermo, el Planetario, el Rosedal, el jardín japonés, muy lindo, con peces dorados y bonsái por doquier, todo muy cuidado y se respira paz , algo raro en la urbe, la gente pasea con sus perros, los niños pueden correr tras la pelota sin peligro y los abuelos disfrutan de ellos tranquilamente. Cerca está el Zoológico, no me gustan mucho los Zoo así que solo averigüe el precio de la entrada, que ronda los 3 usd y el Jardín Botánico que contiene una gran variedad de especies, situados sobre la Av. Las Heras. Desde ahí me tomé un subte, la línea D para llegar al centro, estuve en la Pza. de Mayo, famosas son "Las Abuelas de Pza de Mayo", un grupo de mujeres que resistieron manifestando contra la última dictadura de la Argentina, por una causa muy noble y loable, pedían que aparecieran los niños arrebatados de sus padres en este período brutal por los militares cuando los mantenían como presos políticos, una época donde los derechos humanos eran violados todos los días ( http://www.abuelas.org.ar/historia.htm ). La Casa Rosada, que es la casa de gobierno de Argentina, la Catedral y el Cabildo conforman el grupo edilicio de dicha plaza y desde allí salen muchas líneas de Subtes y Colectivos. En esta zona podrán visitar también la Peatonal Florida y la de Lavalle, muy pintoresca y llena de puestos de artesanos y espectáculos callejeros de todo tipo. También la calle Corrientes, que es donde están casi todos los más grandes teatros del país y hay mucha variedad de espectáculos y obras, fui a ver una obra en el teatro Premier esa noche, era una revista muy buena, ojalá recordáse el nombre, pero no . El Obelisco y la Av.9 de Julio, la avenida más ancha del mundo, son puntos obligados de visitar, es una pena que el teatro Colón esté en reparaciones y no se pueda apreciar en plenitud, es el teatro más grande de América Latina.

El último día madrugué mucho para ir a Luján , me fui en la línea A del subte hacia la estación de Once, en la Pza Miserere, me tomé un tren hasta Moreno y de allí uno a Luján, (subte:0.9arg, tren comb. hasta Luján: 2.15arg), son como dos horas y algo de viaje, pero conviene salir temprano porque el tren hacia Luján sale a eso de las 9 hs.y luego no hay otro hasta las 11:55 hs, en la estación de trenes no había nadie pasaban algunas personas muy apuradas que daban una rápida ojeada a mi hoja de dibujo pero nadie se acercó.


                     
Garabateando en la estación de Moreno mientras esperaba el tren a Luján: Estación de Moreno





 Apenas llegás a la pequeña ciudad de Luján ya se pueden ver las dos puntas de las torres que contienen los campanarios de la Basílica ( año: 1890) , la estación está como a 15 cuadras, hay una avenida que llega prácticamente derecho, pero no hay como perderse se ve desde todas partes, a medida que me iba acercando me iba haciendo una idea de cómo era, pero no fue hasta que llegué a la plaza que la pude ver en su totalidad, es hermosísima, de estilo neo-gótico, dos naves laterales flanquean una bóveda formada por arcos ojivales que se continúan hasta el piso, la luz cenital entra difusa por los vitrales ubicados en el ambulatorio superior, el ábside denota una cúpula muy grande, contiene muchas imágenes y adornos religiosos, la fachada principal posee diversos recursos góticos, entre los cuales se cuentan las gárgolas y arcos ojivales, un rosetón de vitrales coloreados que pone fin al tímpano de la entrada principal es muy hermoso, también varias imágenes de ángeles y santos.


Dibujo de la Catedral de Luján: https://scontent.fmvd2-1.fna.fbcdn.net/v/t1.0-9/10347406_786935434672085_8839418007087069027_n.jpg?oh=dc2823a83d168320816be08c23135271&oe=5A2F03CC




Al costado está el santuario de la Virgen (entrada: 3 arg ), donde se guardan las reliquias y hay imágenes de vírgenes de todo el mundo, la de mi país se encuentra en la capilla 56, la Virgen de los 33 Orientales, me dio mucha emoción ver la bandera de Uruguay y la de los Treinta y Tres Orientales , por detrás están los contrafuertes de la estructura pero no se puede acceder ya que está en plena obra de mantenimiento, no sé de que material sea parece piedra caliza pero no estoy seguro. Hay varios lugares donde comer al costado del río Luján y también varios museos para visitar en los alrededores, me senté un rato en una fuente vacía, allí almorcé, después me puse en medio de la plaza para tener una vista general de la basílica y así poder dibujarla, unos niños de una escuela me rodearon para ver que estaba haciendo, la maestra enseguida los llamó y me quedé solo, el día era espectacular, hacía frío pero el cálido sol contrarrestaba.
A la vuelta seguí hasta Puerto Madero para marcar el pasaje de regreso a Montevideo, y a la mañana siguiente dejé la polifacética ciudad de Buenos Aires me falto mucho por recorrer, pero no va a faltar oportunidad de volver en el futuro.

Chile, tres ciudades...


De camino a Chile pasé por Mendoza en la Argentina, una ciudad lindísima, muy pintoresca, aunque estuve solo dos días y una noche, recorrí todo lo que pude, lo más llamativo es que todavía existen ómnibus eléctricos circulando como los había antes en Montevideo, y se ven tan antiguos como aquellos trolebús que cada tanto se desenganchaban en alguna esquina. Un lugar que no se puede dejar de visitar, con botella de agua en mano y zapatos cómodos, es el Cerro de la Gloria, la entrada es un portón forjado que impacta por su belleza y tamaño, cuenta con varias hectáreas de bellos jardines que rodean algunos edificios donde funcionan las universidades de la ciudad; en la cima hay un grupo escultórico realizado por Juan Manuel Ferrari, es muy sorprendente, en su basamento pude ver los escudos de Argentina, Chile y Perú, evoca la gesta libertadora del Gral. San Martín, prócer de los argentinos, el monumento es grande, figuras de caballos, soldados y un cóndor listos para la batalla sobre un terreno escarpado no deja lugar a dudas del lugar del planeta que está representado, Los Andes, la vista que ofrece este cerro de la ciudad es increíble, y fue solo un adelanto de lo que me esperaba en los días siguientes de mi viaje, donde las alturas fueron las protagonistas.
Luego retomé el camino hacia el país de Pablo y Gabriela, la última ciudad Argentina, Uspallata, marco el comienzo de mi ascenso, primero por la pre cordillera que luego se transformó en la Cordillera de los Andes, que te deja sin aliento a cada momento, es magnífica por donde se la mire, se veían hilos de agua buscando a gran velocidad la salida al mar, todo tipo de rocas, paisajes lunares y luego profundos valles verdes, vías de tren que se pierden en túneles abiertos en la piedra , picos nevados y precipicios que dan miedo pero de una belleza inigualable, me cansé el dedo de presionar el botón de la cámara, mirase para donde mirase encontraba un paisaje hermoso, luego de seis horas de regalos visuales estaba llegando a la capital chilena, es increíble como aprovechan hasta el último pedacito de tierra en las laderas de las montañas para sus cultivos, ya lo había visto en Perú donde plantaban en terrazas pero me sorprendió la gran cantidad que habían en Chile; vides, manzanos, naranjales, y muchos otros tipos de cultivos en campos sumamente prolijos y se usa el agua que baja de la montaña, canales y esclusas que los propios pobladores administran cumplen la función de mantener todo con vida.
De pronto la carretera se hace más rápida, se convirtió en autopista y llegué a la Terminal de buses de Santiago, tomé un Metro, que en Chile son muy modernos (tienen precios diferenciales según el horario y se puede combinar con los buses urbanos, un nuevo sistema que se estaba implementando recientemente, el Transantiago o algo así, los precios oscilan entre $ 130 a $ 420 pesos chilenos), fui hacia el centro para buscar el hospedaje que quedaba en la Plaza de Armas (http://www.plazadearmashostel.com) la verdad lo recomiendo con los ojos cerrados a este hospedaje, queda en un sexto piso frente a la plaza de armas, desde sus balcones se puede ver la Catedral Metropolitana, una hermosa iglesia varias veces re construida y varias veces tirada debajo de nuevo por los terremotos, también se puede ver el edificio neoclásico del Correo, y se ven algunos picos de la Cordillera, queda a unas cuadras del famoso Palacio de la Moneda, sede de gobierno chileno donde fue derrocado el presidente Salvador Allende.
Santiago es una ciudad muy linda, con extensas avenidas, los vehículos circulan ordenadamente y son muy respetuosos en el tránsito principalmente con el peatón. Me gustó mucho el Barrio Brasil con construcciones que se acercan más a la influencia europea de mediados del s. XIX, hay una plaza muy bonita en ese barrio me parece dedicada a la Prensa en la calle Concha y Toro.
Otro barrio que está muy bueno es el Bella Vista donde están la mayoría de los boliches, pubs y restaurantes de la ciudad con una movida nocturna interesante y presenta una amplia oferta gastronómica, yo probé la Paila Marina, después que el mozo me repitió tres veces el nombre me lo aprendí, es muy sabrosa ( $ 1600 pesos chilenos, unos 4 dólares), otra cosa que deben probar son las Sopaipillas o algo así son como tortas de maíz que venden en la calle y también prueben las empanadas Pino que son una delicia chilena.
La noche chilena tiene una muy variada oferta, eso si empieza temprano a las 12 de la noche todos los boliches funcionan a pleno, y se extiende hasta las 5, donde apagan la música y cada uno para su casa.
Otro de los barrios interesantes es Las Condes es una barrio residencial muy lindo y donde parece haberse trasladado la especulación inmobiliaria, hay construcciones por todas partes, y los edificios son prácticamente nuevos.
La ciudad cuenta con diversos lugares de interés cultural, en la zona céntrica, sobre la avenida de la Alameda está el Palacio de la Moneda que ya mencioné, debajo de la gran fuente que domina la fachada posterior, hacia la avenida, hay un museo de artes visuales, en el momento que fui había una exposición sobre España, al recinto se accede mediante rampas flanqueadas por bambúes, y en salas anexas hay muestras de pintores chilenos. Saliendo del museo se puede visitar el patio interior del Palacio, donde tiene su despacho el presidente de turno.
Otros lugares muy interesantes son: el Museo Histórico Nacional (entrada: $ 600 chi ), la casa del famoso escritor Pablo Neruda, el Museo de Bellas Artes ( entrada: $ 600 chi) con una estatua Icaro y Dédalo en la entrada, y el Mercado Central, una construcción de hierro y vidrio muy ecléctico, donde hay una variada oferta de frutos del mar, muy similar al Mercado del Puerto de Montevideo, cruzando la calle está el antiguo edificio de la Estación Mapocho del Ferrocarril, que lleva el mismo nombre del río que baja de la montaña y cruza rápidamente a unos metros, es una maravilla de hierro y vidrio del estilo de la Gare du Nord de París, la cual hoy funciona como gran salón de eventos.
Hay dos puntos que ofrecen vistas panorámicas de Santiago, ambas pulmones de la ciudad, la primera es el Cerro San Cristóbal al cual sube mediante un funicular( ida y vuelta $ 1400 chi ) o por teleférico ,que cuenta con un Zoológico( $ 500 chi), Jardín Botánico, y un Museo del Vino , esto queda en el Barrio Bella Vista, el otro sitio se llama Cerro Santa Lucía en el Centro, donde hay un parque forestal en el medio de la ciudad, muy lindo y un mirador excelente, con una capilla y una hermosa fuente, los dos cerros ofrecen una vista espectacular, parece que la cordillera abraza la ciudad.
A no más de dos horas de Santiago se encuentra la hermosa ciudad Viña del Mar, muy ordenada y limpia, allí está el anfiteatro donde se realiza el famoso festival de Viña, es a cielo abierto, aprovechando la pendiente del terreno lo construyeron en muy poco espacio, cerca de allí está la Quinta de Vergara una casona de estilo neogótico de color blanco que funciona como museo, rodeada de hermosos jardines y estatuas ecuestres, un buen lugar para tomar un descanso.
Viña es una ciudad balneario donde muchos santiaguinos veranean, las pendientes allí son muy pronunciadas. Las casas son en su mayoría de madera con techos a dos aguas, con lindísimos jardines que se adaptan al terreno.
Hay una playa, que se llama Reñaca, ahí pude ver gran cantidad de pelícanos y gaviotas a la pesca, la bruma del Pacífico cubre todo por unos minutos y luego se retira es un fenómeno muy curioso, la arena de la playa es gruesa y oscura, supongo que debe ser de origen volcánico, y el agua es cristalina de un azul intenso, muy pero muy fría, no entiendo como había gente bañándose, yo los miraba con incredulidad.
Desde allí podés tomar un ómnibus o el metro, para llegar a la siguiente ciudad de Valparaíso, que está a no más de 20 minutos, la verdad me encantó, se compone de muchos cerros, 45 en realidad, cuyas laderas descienden hasta tocar el océano mismo, y en ellos como frutas colgando de un árbol infinidad de casitas de madera de vivos colores que parecen de juguete a lo lejos. Tiene un puerto grande con una importante actividad comercial, hay un paseo en lancha por la bahía (3 dólares aprox.)que no se lo pueden perder, ofrece una visión mas clara del todo el entorno, y podés ver hasta un astillero flotante, como también una gran cantidad de embarcaciones entre los cuales se cuentan los de la marina chilena, la ciudad en sí, se compone de calles sinuosas que sortean las pendientes, el tránsito es mas bien caótico, y la zona cercana al puerto tiene edificaciones muy viejas, por todos lados se abren callejones húmedos, caminando uno no sabe cuando es adentro y cuando es afuera, de repente estás en un mercado techado y unos pasos mas adelante encontrás una placita estrujada entre dos calles, el viento te trae de vez en cuando un fuerte olor al pescado que se vende en todas partes, para subir a los cerros hay 14 funiculares antiguos que tienen casi el centenar de años, son patrimonio histórico de Chile, y claro están bien conservados porque siguen bajando y subiendo a los valparaisinos, puede pasar que no te den confianza bueno para eso hay infinidad de escaleras de todas las formas imaginables que no parecen seguir ninguna norma mas que las del propio capricho del terreno, algunas casas tienen el acceso por el piso superior.
Imperdibles son los cerros de la Concepción que históricamente recibieron a las colonias inglesas y alemanas a principios del s. XVIII, y el Cerro Alegre, donde se puede visitar la escuela de Bellas Artes, y una casona antigua, la Casa Higueras de los años 30 que es un hotel reciclado, son bellísimos lugares, en otro de los Cerros el Florida esta una de las casas de Pablo Neruda “La Sebastiana” la subida es cansadora pero vale la pena, desde los ventanales hay unas vistas de ensueño, cada espacio de la casa y del jardín parecen recitar un poema, en ese mismo jardín me senté un rato, al estirar las piernas me dí cuenta de lo mucho que me dolían, revisé en mi mochila una selección de poemas de Neruda que había traído conmigo desde Montevideo pero que no había sacado en todo el viaje hasta este momento, el lugar me inspiraba mucha paz a pesar de estar con decenas de personas a mi alrededor inicié mi lectura, uno de ellos cuenta como Valparaíso que frecuentemente es azotada por terremotos se recupera y sigue adelante:
“Pronto, Valparaíso, marinero, te olvidas
de las lágrimas, vuelves a colgar tus moradas,
a pintar puertas verdes, ventanas amarillas,
todo lo transformas en nave, eres la remendada
proa de un pequeño, valeroso navío.”
Cuando estaba atardeciendo bajé para tomarme el ómnibus de regreso a Santiago.
Al final del día no quería saber nada con subir más que a la cama, pero de verdad si vas a Chile no dejes de visitar esta hermosa ciudad al costado del mar. “Amo, cuanto encierras y cuanto irradias, novia del océano…” Salud hermanos chilenos tienen un país hermoso!

Perú, otro universo...






Tomé un vuelo de Montevideo a Lima, cuando llegué al aeropuerto Chávez, me topé con la sorpresa de que había huelga en los vuelos internos, opté por pasar una noche en Lima, y como el destino me jugó esa mala pasada aproveché para conocer un poco la capital peruana, mañana tomaría un bus hacia Cuzco y así desde allí tomar otro hacia Ollantaytambo.




Dentro de Machuppicchu

Lima es una ciudad muy bulliciosa, el trasporte público se hace a través de pequeñas camionetas a las cuales se les quita la puerta corrediza de un costado y ahí va colgado el ayudante que grita el destino, lo cual me pareció bastante curioso, y lo podrán ver en cualquier avenida limeña.
El hostel donde pasé la noche en Lima estaba en un barrio bien pintoresco y lindo para pasear llamado Miraflores, en la calle Casimiro Ulloa muy cerca de la costa. Ya en el bus a la salida de Lima pude ver algunas viviendas humildes que colgaban de pronunciadas pendientes y el entorno es mas bien estéril, muy erosionado y nada de árboles, a 6 horas de viaje llegué a Nasca eran casi las doce de la noche cuando llego el bus transbordo del anterior hacia Cuzco, así que no pude apreciar mucho de la famosa Nazca con sus líneas  mas que una banqueta de madera que oficiaba de parada a la tenue luz de una bombita, pero si alguien va con más tiempo hay hasta un paseo en avioneta para avistarlas.



Pizac


Es muy vibrante viajar por Perú, subimos alturas increíbles por carreteras muy estrechas, paramos en pequeños poblados desperdigados por  verdes valles y compuestos por casitas muy humildes, con techos de tejas a dos aguas, muchas tenían en sus cumbreras estatuillas de dos toritos con una cruz en el medio, éste símbolo se repetía en cada lugar al cual llegábamos, los toritos dan fuerza y riqueza y la cruz aleja los malos espíritus. Los lugareños basan su economía en la agricultura y ganadería, llevan una vida muy arraigada a sus costumbres que están ligadas íntimamente  con la naturaleza, son personas amables y trabajadoras,con miradas profundas y distantes. Pasamos por varios derrumbes en la carretera, en uno de ellos  nos quedamos varados un  rato hasta que una máquina despejó el camino.  


Ollantaytambo



Luego de casi 30 horas de viaje muy agotadoras, llegué a Cuzco, me alojé en un hospedaje en frente a la Catedral, que les recomiendo visítenla es una expresión espectacular de la arquitectura colonial del s. XVII muy bien conservada, enfrente está el templo del Sol, para mi fue muy impresionante ver paredes de plata y tocar las piedras pulidas encastradas unas con otras para formar inmensas paredes, verdaderamente salís de ahí admirando a los antiguos Incas por su gran destreza en la construcción y sentido de orientación. En Cuzco las calles, los edificios, las fuentes todo es de piedra y te hace retroceder en el tiempo, es una ciudad mágica, el ombligo del mundo para los Incas,  podés ver puestos de comida ambulantes, tomate un tiempito para probar los "Anticuchos" que venden a razón de un sol, muy barato, es carne de res condimentada muy pero muy ricos!! A las afueras subiendo una colina está Sacsahuaman, son ruinas de una antigua ciudadela, se puede ir caminando desde el centro de la ciudad utilizando los pequeños senderos que los lugareños usan, la cuesta es medianamente pronunciada, el lugar es muy interesante. La comida peruana está muy buena, el Cebiche es una delicia, desistí de probar Chicha , pero si probé Inka Kola, hasta bananas fritas hacen, me acuerdo y se me hace agua la boca.


Ventana al cielo, Machupicchu


Dormí una noche en Cuzco y a la mañana siguiente, mientras desayunaba me puse a leer un viejo recorte de diario pegado en la pared del hospedaje, bajo el título de "El país que humilló a Hitler" contaba que en las olimpíadas de Berlín 36 le tocó a Perú jugar contra Austria, el país natal de Adolfo, donde la selección peruana le ganó 3 a 2 a la austriaca, el árbitro del partido le anuló además 4 goles a Perú, y no contentos con eso más tarde anularon el partido también, fue así que los peruanos se retiraron del torneo, la verdad un ejemplo de dignidad, con esa historia aleteando en mi cabeza me tomé una camioneta  hacia Ollantaytambo que es el poblado desde donde sale el tren hacia Machupicchu. De camino a Ollantaytambo hicimos una parada en las ruinas de la ciudadela Pizac (otra maravilla Inca) a la cual accedimos subiendo una cuesta escalonada. Allí hay un observatorio astronómico y es la puerta de entrada al Imperio Inca.



Wainapicchu atrás



Muy cerca en el valle hay un pequeño pueblo, flanqueado por terrazas cultivadas,
con un mercado de artesanías espectacular, tejidos de lana de vicuña tan hermosos
como caros, también venden granos, animales de granja, de todo un poco;
las personas visten ropas de llamativos colores, algunas mujeres trabajan en telares,
mientras que otras ofrecen sus mercancías a viva voz, algunos pasan con costales al hombro de allí para acá con los mas diversos contenidos; los botijas juegan con las vicuñas a las cuales les ponen adornos de colores en las orejas, son mascotas gigantes para ellos y las manejan igual
a un perrito, otra experiencia hacia el pasado imperdible,está muy bueno porque parece el set de alguna película, todo es tan diferente,los turistas desentonamos bastante con tan subyugante entorno, lo más interesante de este mercadomas allá de sus increíbles habitantes es que aún se usa el trueque.

Llegamos a Ollantaytambo la cual fue también una ciudadela Inca,  las laderas de las montañas circundantes servían como depósitos para los alimentos lejos de la vista de los conquistadores, incluso se puede ver la figura de un dios desde lo lejos, cargando un saco, grabado en la montaña. Allí tomé el tren hacia Aguas Calientes, otra curiosidad peruana, tienen vagones para turistas y otros para peruanos, cuando llegué me quedé impactado por la belleza del lugar, la ciudad de Aguas Calientes es peatonal está siempre en pendiente imposible jugar un partidito de fútbol, hay piscinas de aguas termales de uso público, la vegetación es selvática, hay puentes colgantes por doquier de interesantes diseños y se escucha desde muchas partes el ruido del agua que baja por la montaña; a la noche la temperatura no baja mucho, hice un paseo por los alrededores, las callejuelas están llenas de personas, hay barcitos por todos lados bien pintorescos y la música se escucha a cada paso.
                    
A la mañana siguiente partí hacia Machupicchu, se sube por un camino serpenteante, la vegetación circundante es densa, y muy florida, cuando entré me sorprendió tanto que supero todas mis expectativas, que para ese momento ya eran muchas, como lo hicieron? como lo lograron? , eran preguntas recurrentes en mi mente, demostraron estar avanzados en muchos aspectos, la construcciones que parecen estar a punto de desbarrancarse por el precipicio son antisísmicas, conocían la trayectoria del sol muy bien ya que muchas de las construcciones siguen un patrón determinado por ésta, y dominaban el agua, hay canales que la llevan por toda el área; hay un desagüe que si le pasas el dedo el agua cae más lentamente, tambíen hay una representación de las montañas circundantes muy exacta tallada en la piedra, y un reloj solar, santuarios con altares, las viviendas estaban divididas en sectores dentro de la ciudad, según la función que desempeñaban dentro de la desaparecida sociedad , los muros presentan pequeñas cavidades que causan un efecto sonoro muy particular, podés hablar bajito pero la voz se transmite con toda claridad de un punto al otro de la habitación, las construcciones demuestran tener un alto grado de tecnificación, y hay que tener en cuenta que fueron construídas en un lugar prácticamente inaccesible, son verdaderamente maravillosas.


A la montaña de Wainapicchu, que está contigua a la ciudadela, solo podes subir si firmás que lo que te pase es tu responsabilidad, pero mucha gente lo hace, entre ellas yo, se sube por un sendero que alguna vez estuvo escalonado pero que hoy solo queda parte de la escalinata, y te sostenes de cuerdas dispuestas a lo largo del camino, en la cima está el templo del sol, se accede mediante una caverna que te dirige al cielo del mundo, allí la belleza sobrepasa los sentidos, se puede ver debajo como pasa el río Urubamba, a Machupicchu con su planta en forma de cóndor, y todo el vecindario de montañas cubiertas por la exuberante selva, ahí me quede un rato largo disfrutando de todo aquello.



Luego bajando por el sendero como a mitad de camino se abre otro que conduce al templo de la Luna en la cara opuesta a Machupicchu detrás del Wainapicchu y a orillas del Urubamba, que es una edificación de dos pisos con asientos tallados en la piedra, muy impresionante, una consejo si vas por estos lados llevá repelente los mosquitos están a la orden del día. Para mi este viaje fue sumamente enriquecedor, aprendí tantas cosas, y me sorprendí de muchas mas, cambio completamente mi visión de América del sur, fue una suerte después de todo que hubiera huelga de vuelos en Lima porque no hubiese conocido tanto de Perú como lo hice yendo por tierra, estoy seguro que algún día volveré porque quiero conocer más de ese lindo país hermano.









FIN